Sinusitis en los niños
El término sinusitis se refiere a la inflamación
de los senos paranasales. Recordemos que alrededor de la nariz tenemos
estructuras o cavidades que son accesorios del órgano respiratorio.
Así, tenemos senos frontales, etmoidales, maxilares y esfenoidales.
Dependiendo de la inflamación que se padezca, podemos hablar de
sinusitis frontal, etmoidal, esfenoidal y maxilar, que además puede
decirse es izquierda o derecha. Hay enfermedades combinadas, sinusitis
etmoido maxilar, fronto etmoidal, fronto maxilar, o en los casos de una
inflamación generalizada debemos usar el término pansinusitis.
La inflamación de los senos paranasales tiene origen de tipo alérgico,
vasomotor o infeccioso. En este último caso, la infección
puede ser viral, bacteriana o mixta. En cuanto a su duración, hay
sinusitis aguda, subaguda y crónica.
En la mayoría de los casos de sinusitis infecciosa existe un cuadro
previo de tipo contagioso: sea gripa, anginas, faringitis, otitis o, en
los casos de infantes, la adenoiditis.
Como los senos paranasales no están desarrollados desde que nacemos,
sino que conforme vamos creciendo éstos se van desarrollando, es
necesario puntualizar algunos conceptos respecto a los niños.
Cuando el cuadro se presenta en un lactante, se hace necesario descartar
que en lugar de sinusitis nos encontremos frente a un cuadro de osteomielitis
aguda. Es decir, donde alguna infección llegó a afectar
la porción ósea de la nariz a causa de alguna inflamación
nasal, o presentó el bebé alguna infección en otra
parte de su cuerpo que se le contagió a la nariz por la vía
hematógena o por esta misma vía pero se trata de algún
germen dentario.
En los niños se desarrolla en primera instancia el seno etmoidal,
luego los maxilares, posteriormente los frontales y el seno esfenoidal.
En la primera infancia es bastante común que encontremos entonces
a la etmoiditis aguda como la primera sinusitis del niño.
Casi todo el tiempo encontraremos este cuadro después de que el
pacientito cursó con una enfermedad tan común como la coriza
o sea, un simple resfriado. Claro que también se puede ver en el
curso de una enfermedad infecciosa infantil: rubéola o escarlatina.
La etmoiditis aguda, que no es otra cosa sino la inflamación aguda
del seno etmoidal, se caracteriza por presentar la siguiente sintomatología
general: aparición frecuente y precoz de signos oculares: edema
palpebral (inflamación de la parte inferior de los ojos), equímosis
(moretoncitos) y hasta exoftalmos(ojos saltones). El niño se queja
de lagrimeo, abundante rinorrea anterior, lo que origina salida constante
de moco por su nariz. Son los niños malamente llamados "mocosos".
Siendo la mayoría de los cuadros de origen viral, se acompañará
este padecimiento por cefalea o dolor de cabeza, dolor de ojos, malestar
general e hipertermia o elevación de la temperatura corporal.
Algo que siempre llama la atención de los padres del enfermo es
que contra la conducta regular del niño, en lugar de estar jugando
y activo, de pronto lo vemos sin ganas de levantarse, abúlico y
postrado. Con cara de enfermo. Su moco, en las primeras etapas, es acuoso
o cristalino, abundante. Su cuadro se acompaña también de
estornudos frecuentes y en no pocas ocasiones se presenta sangrado por
la nariz.
Como la inflamación del seno etmoidal obstruye al órgano
olfatorio, el niño además está sin apetito, porque
no le encuentra sabor a los alimentos.
En los casos de niños mayorcitos o de la segunda infancia, junto
con la etmoiditis podemos encontrar sinusitis frontal o maxilar, o alguna
combinación de las tres.
A la sintomatología descrita con anterioridad, debemos agregar
el dolor frontal o facial, según sea el caso, y casi siempre tendremos
una secreción abundante tanto anterior como posterior. El niño
se queja de que se pasa mucho moco por la parte de atrás de su
nariz.
Esto puede agregar un síntoma mas: la tos por arco reflejo. Al
caer el moco, despierta el reflejo en la epiglotis y causa tos en el paciente.
Vale la pena decir que es en las primeras asistencias del niño
a un centro escolar o guardería cuando se incrementa la incidencia
de estos cuadros. No se hace necesario explicar que es por la facilidad
del contagio y su reciente ingreso a grupos escolares, o sea contactos
sospechosos.
Cuando el cuadro es bacteriano o mixto, por lo general nos percataremos
de un cambio importante en la calidad del moco del enfermo. Su viscocidad
y coloración cambian. El moco se convierte en espeso, pegajoso
y de coloración variable, de blanco a verde, amarillento, cafesoso
y ocasionalmente sanguinolento. Desde luego que también el olor
puede orientarnos. Por lo general el moco hialino o claro no tiene ningún
olor, en cambio el moco purulento se hace fétido y molesto tanto
para el paciente como para sus familiares.
En cualquiera de estos casos el niño debe guardar reposo y ser
sometido a un protocolo terapéutico profesional. El uso de antibióticos
en la primera fase, o cuando se trata de problemas de tipo virales no
se encuentra indicado.
Pero en los casos de secreción francamente purulenta o bacteriana,
la utilización de un esquema antimicrobiano específico se
convierte en esencial para poder alcanzar la curación del pacientito.
Además deberán utilizarse medicamentos antiflogísticos,
antiinflamatorios, de acuerdo con su cuadro clínico.
Se hace obligatorio la práctica de vaporizaciones nasales, lavados
también por la nariz, aseo permanente, el aislamiento del enfermo,
el reposo, la buena alimentación y sobre todo la buena hidratación
del enfermo.
Afortunadamente, en la actualidad, con las medidas terapéuticas
adecuadas, tratando a tiempo a un niño con sinusitis, el pronóstico
es bastante satisfactorio y las complicaciones no deberán presentarse.
En raras ocasiones se hará necesario practicar algún otro
procedimiento para aliviar a estos pacientes, pero siempre será
bueno insistir en medidas profilácticas para evitar los primeros
contagios.
|