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La cirugía de amígdalas

Dr. Salvador Vera Luna

Cualquier cirugía o tratamiento quirúrgico es una agresión para el paciente. No importa la razón médica que obligue a proponer la intervención. Al enfermo le parecerá un tratamiento agresivo.

En el estricto sentido físico podemos afirmar que sí se trata de procedimientos violentos. Porque cualquier operación obligará a realizar heridas, abordajes o lesiones quirúrgicas que aunque tengan un propósito benéfico o indicación terapéutica, no podrán pasar desapercibidas para el paciente o quien revise la zona afectada.

El caso de las amígdalas también entra en este supuesto. Trátese de pacientes adultos o niños, cuando la indicación es realizar el procedimiento quirúrgico de extirpación del tejido amigdalino, al momento de la explicación, por más amable que se realice, el paciente lo recibirá como una medida drástica.

Pero, ¿cuáles son las razones que obligan al médico especialista en oídos, nariz y garganta a tomar el camino del quirófano para resolver una enfermedad de las anginas?.

Podemos afirmar que son diversos factores los que influyen en esa decisión. Por ejemplo la frecuencia de la presentación de los cuadros amigdalinos. Si el paciente se enferma muy seguido, digamos cada dos o tres meses, haciendo que durante un año tenga entre cuatro y seis recaidas, puede hacerse necesario operarse para controlar el problema.

En casos que afortunadamente no son muy frecuentes, el enfermo tiene complicaciones de tipo general con riesgos a otras regiones del organismo del paciente. Por ejemplo alteraciones como fiebre reumática, cardiopatía reumática o glomerulonefritis renal.

En el primer caso, el paciente tiene problemas con sus articulaciones mayores y menores, llegando incluso a causarle incapacidad para sus movimientos o desplazamientos articulares, con lo que obliga a la extirpación para evitar las recaidas o enfermedades causadas por estreptococo beta hemolítico, que es la bacteria origen de estos problemas.

En el segundo caso es una complicación que afecta al corazón y lesiona las válvulas cardiacas, pudiendo poner en peligro la vida del paciente. Y en el último caso el daño es en el riñón, limitando al paciente por problemas serios del órgano.

Todo lo anterior se debe más que a la infección de las amígdalas a una enfermedad autoinmune causada por la bacteria que mencionamos antes, el estreptococo beta hemolítico.

Refiriéndonos a la intensidad, hablamos de cómo se enferma un paciente. Hay cuadros amigdalinos que se consideran agudos, pero son pasajeros o simples, causados por virus o bacterias comunes. Serán controlados en corto tiempo con tratamiento médico y algunos cuidados físicos.

Pero aquellos casos en que la infección de las anginas provoca un abseso, o sea una colección de pus dentro de la amígdala o alrededor de la faringe o el cuello (abseso retrofaríngeo o cervical) y ponen en riesgo la vida del enfermo, porque puedan comprimir la vía respiratoria. El primer paso es realizar una terapia muy formal de tipo bactericida, las más de las veces intrahospitalariamente. Cuando el enfermo ha mejorado y una vez enfriado el proceso activo, o sea, controlada la infección, se pasa a la extirpación expedita del tejido linfoideo.

Un problema aparentemente sencillo pero muy molesto para muchas personas es la halitosis, o sea, mal aliento. Algunas veces tiene su origen en las críptas amigdalinas.

Otras complicaciones de estos cuadros amigdalinos es la afección de los oídos, las sinusitis, las laringitis y los cuadros bronquiales. En todos estos casos el tratamiento inicial es controlar la infección primaria en su fase aguda y luego controlar el problema crónico.

Se indica la cirugía de amígdalas cuando el paciente tiene problemas respiratorias por su tamaño, que se ha hipertrofiado o cuando le generan dificultad para ingerir sus alimentos.

En los niños de la primera infancia es bastante común que al mismo tiempo que las anginas, se les inflamen sus adenoides. Consecuentemente el pacientito no puede respirar bien, tiene que hacerlo por la boca. Con frecuencia lo encontramos mocoso. Su voz es nasal, algunos lo catalogan como gangoso. Siempre hace ruido al respirar. Pero si está dormido siempre ronca y está con la boca abierta. La mamá nos referirá que moja la almohada.

El niño puede agravarse porque cursa con otitis media serosa. Su trompa de Eustaquio, como se denomina a la comunicación entre los oídos y la nariz se bloquea, entonces se acumula el moco en su caja timpánica y dicen los papás que les sale moco o pus por sus oídos aparte de que no escuchan bien. Normalmente esta trompa tiene la función de igualar las presiones atmosférica o externa y la interna de los oídos.

Aquí se hace necesario la extirpación de adenoides y amígdalas así como la aplicación de tubos de ventilación para que sus oídos, su voz y su respiración mejoren.

Así que cuando la propia lógica de los padres señala la necesidad de una conducta médica más agresiva, puede ser menos difícil para el doctor indicar la cirugía, que dicho sea de paso, es por lo general una operación bastante segura, breve y no requiere hospitalización. Su postoperatorio también es por lo general breve y sin tantas molestias.

Igual que siempre, lo recomendable es practicar medicina preventiva. No dejar sin tratarse y sin los cuidados iniciales los cuadros catarrales, los primeros síntomas del paciente, para que no tenga complicaciones futuras.